TrumpEl primero es rubio, exhibe un peinado extraño y desde agosto del 2017 quiere invadir a Venezuela. El segundo, tiene el pelo negro, es de origen cubano, se apellida  Rubio…y también quiere invadir la Patria de Bolívar. Y es medianamente comprensible, si consideramos que son  tiempos de idilio entre fieras, necesitadas de olisquearse debajo de la cola e iniciar el ritual de apareamiento.

Antiguos enemigos electorales, otrora enzarzados en una pelea de epítetos, burlas y ataques personales, ahora marchan por la misma senda: Don Donald, por cultivar su egocentrismo; Marquito, para agregar puntajes a su irrenunciable carrera por el poder y ¿por qué no? para anotar goles en la carcomida portería de la contrarrevolución cubana dentro y fuera de la isla.

Los medios llaman al flamante senador Marco Rubio, la punta de lanza de Donald Trump en la cruzada contra Venezuela, aunque los analistas – socarrones ellos- dicen que Trump no necesita mucha cuerda para meterse en problemas. Lo cierto es que el antiguo contendiente del “mal peinado” “trabaja” muy fuerte para atraer su atención, y el tema Venezuela le viene como anillo al dedo.

A Mike Pence se lo dejaron caer durante su gira por Latinoamérica: invadir a la nación bolivariana les traerá graves problemas. Antes ya le habían advertido a Trump, pero a la sazón, se resistió por considerar que, “las  invasiones a Panamá y Granada en los años 80 fueron éxitos rotundos de la diplomacia norteamericana”. Indudablemente se refería a la diplomacia de las cañoneras.

Al igual que el rubito floridano, la idea de una opción militar persiste en el cacumen de Trump, tal como apuntara  un columnista de AP; y digo yo que, si al principio los círculos políticos de la nación norteña lo ignoraron por considerar que se trataba de otra suplencia exótica de la “estrella” mediática que es míster President, ahora las cosas parecen tener un  basamento preocupante.

En la cruzada contra el país petrolero, los dos rubios, andan de alianzas con el Duque colombiano y la jauría del Grupo de Lima; todos ufanos y henchidos por derramar sangre.  Pero sucede que, no son los plazos dados  a Venezuela los que hasta el momento frenan  la invasión; al fin y al cabo, cuando los norteamericanos han decidido invadir un país, lo han hecho.

El asunto radica en que las amenazas de Marquito y el Hombre del “reality Show”  han unido al pueblo junto a Maduro, sin desechar la decisión del país suramericano de imponer al invasor una lucha de desgaste, al estilo de la resistencia vietnamita, iraquí y  afgana.

Analistas  militares no descartan el empleo masivo de las  más sofisticadas defensas antiaéreas venezolanas que dejarán como única alternativa a la US Army poner en servicio a sus  viejos y eficaces  F 22, y hasta puede que involucren a los bombarderos estratégicos B1 Spirit, aparatos medianamente capaces de intentar- digo intentar- incursiones dentro de los dispositivos de defensa bolivarianos, suministrados por Rusia.

El 23 puede romperse el corojo. Guaidó  el autonombrado, centra  sus esperanzas en el  puente de Tienditas,  lugar por donde espera ingresar en Venezuela los cerca de 100 millones de dólares en ayuda “humanitaria”, asunto considerado por ese país como, inaceptable, por ser el primer paso para la invasión y la ocupación.

Mientras llega el  día,  el rubio del cabello negro vocifera prisión para Diosdado  y “algo peor” para Nicolás Maduro,  misión que le ha dado el Emperador por el momento: después de todo, ladrar bien alto recompensa  al sabueso más competente con el mayor pote de bazofia.

Para Donald, el asunto es “echar” la guerrita de turno que corresponde a  cada presidente norteamericano, esta vez por la “justísima” causa de los hidrocarburos, los diamantes y el coltán, aunque…puede que ya ni recuerde el motivo por el que inició todo esto. ¿Qué les parece?