Somos muchos somos más 2Nuevo año y las personas respiran la bocanada de aire necesaria para romper las ataduras del  pasado y apostar. Tiempo para soñar con los pies sobre la tierra y hacer que cada día cuente, y que nuestra existencia haga honor al optimismo y a la capacidad para imponernos y avanzar. Por eso quiero hablarles de los que sueñan con una vida fácil, sin esfuerzos ni honradez, en la que, absolutamente, todo caiga del cielo.

Cuba es un país bloqueado y algunos, dentro y fuera, optan por ignorarlo. Doce millones de dólares  pierde a diario la isla rebelde como consecuencia de una persecución financiera manifiesta en cada rincón del planeta. Pero, a pesar de los escenarios, hay mucho por hacer y tenemos el potencial para lograrlo, si repasamos y enmendamos los enfoques paternalistas y la inmovilidad de los que desean las cosas cómodas, sin riesgos.

Bloqueo interno, dicen algunos, y también llevan razón si se refieren a la burocracia, a la chapuza y a la corrupción que aleja la posibilidad de una vida mejor.

Somos muchos somos más 4Imágenes transmitidas a diario por televisoras extranjeras muestran las escaseces de Cuba, las indisciplinas sociales -de las que somos totalmente responsables- y las heridas imposibles de sellar cuando el país ha de centrarse en asuntos mayores.  Son las mismas que ignoran genocidios, dictaduras y golpes de estado en partes más vulnerables de este mundo, pues se trata de estigmatizar a Cuba, y ello debía significar mucho para los que dudan de la justeza de su causa.

Impresionables como son los vagos y los oportunistas, dan razón a las "buenas intenciones" de quienes atacan a la Patria; para plantar la semilla gris del infortunio. Cuando un cubano habla mal de su suelo, su diestra empuña el hacha homicida que la desgarra; cuando damos crédito al que la difama, lo ayudamos a sostener la herramienta del  enemigo, y le estaríamos haciendo un gran favor.

¿Niega este comentarista las dificultades? No, porque sería hacerle el juego a los intolerantes y a los hipercríticos. Conozco de primerísima mano las actitudes solapadas, la chapucería -pese a los llamados a la eficiencia- y también la ausencia de valores cívicos en parte de nuestra sociedad.

Sé también de la paciencia -ya injustificada- para lidiar con los detractores de la tranquilidad, con quienes nos desvalorizan y con los que, en nombre de lo legal, viven en el paraíso de la corrupción.

Pero no renuncio a vivir en un país próspero, donde la indisciplina sea la excepción, donde el trabajo sea la única fuente de riqueza, donde lo estatal y lo privado - en armonía-  creen el bienestar de nuestro pueblo, donde los corruptos tengan un lugar fijo tras las rejas.

Somos muchos somos más 5Tales cosas no se logran con solo desearlas, y mucho menos criticando al sistema, culpándolo de todas las desgracias, ignorando la luz y exaltando las manchas; y dando crédito al amarillismo editorial de quienes no nos perdonan tanta independencia en un mundo de servilismo y subordinación.

Un médico amigo me describió el capitalismo de Honduras -el que nos tocaría- y dijo que aún llora la miseria tan humillante y la desesperanza en los ojos de chicos que, en Cuba -en la Cuba bloqueada-  van a la escuela y son campeones del deporte.

Motivaciones sobran, aunque los desmotivados se empeñen en negarlas, y los criticones arremetan contra las buenas obras. Por eso creo que en este 2019 debemos hacer culto del trabajo, y también ocuparnos seriamente de los chapuceros, los haraganes y los desagradecidos sin olvidar por un segundo que los buenos con deseos de hacer somos más.